Contexto: Mi ciclo menstrual es un reloj; no tengo dolores menstruales y, en ese entonces, estaba sincronizada con la luna llena para mi menstruación y con la luna nueva para mi ovulación.
Estábamos en El Salvador con mi pareja, y recuerdo claramente que ese lunes nos despertamos para ir al gimnasio juntos. Ese día tocaban piernas y glúteos. Cuando regresamos a la casa, fui al baño y, para mi sorpresa, tenía un rastro de sangre en mi ropa interior, era rosa claro y era muy poco. Inmediatamente fui a revisar mi celular y me di cuenta de que la luna nueva había sido 3 días atrás, es decir, que había ovulado hace unos días.
Mi cabeza empezó a volar: ¿Y si es sangrado de implantación?
Inmediatamente hice cita con mi ginecóloga para el viernes por la tarde. Fue una semana larga. Nos dijo que era muy temprano y que teníamos que esperar al menos dos semanas, pero que tenía toditos los signos de que, en efecto, sí era un embarazo. Entre emoción y miedo decidimos no hacer ninguna prueba en sangre y solo esperar.
Llegó el día de luna llena, el día de mi menstruación, y no hubo sangrado.
Yo ya estaba estudiando para ser doula y practicando yoga prenatal 3-4 veces por semana. También estaba haciendo meditaciones para conectar con mi útero desde hace meses, entonces no cuestioné en ningún momento el cansancio extremo, el dolor intenso de mis senos, los sueños donde estaba con un ser de luz, la posición de mis manos en mi vientre/corazón al despertar…
Tampoco cuestioné mi felicidad ni mi miedo. Yo ya no estaba sola en mi cuerpo, y eso nunca me había pasado antes (ni me ha pasado después)
Pasaron más días con la ilusión creciendo, hasta que me desperté de golpe y le dije a mi pareja: No se quedó, no estoy embarazada. Ya no siento su presencia.
Al día siguiente empecé a sangrar con dolor y en cantidades diferentes a las que siempre tengo. No me sorprendió porque yo sé que el 22% de las pérdidas gestacionales de este estudio (https://www.nejm.org/doi/abs/10.1056/NEJM198807283190401) ocurrieron entre las semanas 3 y 4 de embarazo. Es decir que en ocasiones no nos damos cuenta porque pensamos que es nuestra menstruación, pero en realidad es una pérdida temprana.
Para mí fue muy difícil no sentirme loca.
Me sentía muy sola y confundida. Mi periodo no se normalizó por 3 meses y la neblina mental era muy densa. Nunca vi un examen de embarazo positivo, y eso me estaba volviendo loca así que el universo fue muy sabio y que me mandó gente mágica para validar mi experiencia,
La primera, fue una bruja de las comunidades originarias de Quebec, los Mohawk de Kahnawake, con la que estudiaba massage therapy para esas fechas. Dos semanas después de la pérdida, me vio y me dijo: “Girl, are you pregnant?” Le conté mi historia entre cansancio y tristeza, y me dijo: “I bled for 3 months while pregnant with my first baby. Go take a test, because you have baby spirit around you”
Mi corazón se llenó de miedo e ilusión otra vez, le hice caso y el corazón se me quebró otra vez.
La segunda persona, fue un masajista hindú originario de la isla Mauricio. Le pedí consejo de cómo quitarme un dolor específico en la muñeca y me preguntó: “Is there any chance you are pregnant? That’s the spot my pregnant clients complain about during the first trimester. It will pass.”
Se volvió a quebrar el corazón, pero esta vez ya tenía un poco de rabia por el tema repetitivo. Ya había pasado un mes, y sí, el dolor se me quitó sin hacer nada.
La tercera y la última persona fue mi acupunturista. A él no le quise contar nada. Ya habían pasado casi dos meses, mi ciclo menstrual estaba trastornado, la neblina mental no se quitaba, y yo andaba mal. En medio de la sesión se me empezó a entumecer y a acalambrar la pantorrilla derecha. Paramos y me dijo: “That’s weird, these needles are in the spot connected with your ovaries and uterus”
Of course they were.
Ese bebé habría nacido en marzo.
Marzo 2026 fue muy extraño para mí. A la fecha todavía le hablo a esa alma, a veces calculo cuántos meses tendría, a veces veo bebés de “esa edad” y me da nostalgia por lo que pudo ser.
Entiendo que yo no estaba lista, entiendo que vino a enseñarme los anhelos de mi corazón, entiendo que fue (y sigue siendo) un maestro de luz y amor. Este blog, por ejemplo, es producto de un sueño con esa alma y esa experiencia.
Entiendo que tal vez regrese o tal vez no, eso no está en mis manos. Independientemente de lo que traiga el futuro, tengo paz de que lo voy a poder manejar, porque estoy rodeada de amor y porque tengo un propósito claro en esta vida que debo seguir trabajando, con o sin hijos.
Una lección bien fuerte que me dejó todo esto es que, como sociedad, estamos muy enfocados en tener pruebas, en “ver para creer”.
Nos desconectamos tanto del cuerpo que no confiamos en las fibras más sutiles que guardan memoria dentro de él.
Así que mujer, si estás leyendo esto y alguna parte de la historia te resuena, quiero decirte:
Estamos dentro de ese 22%
No dejes que te confundan ni que invaliden tu experiencia.
Vívela, cuéntala, escríbela, grítala, llórala.
Haz lo que sea necesario para sanar.
No estas loca.
No estas sola.
Yo te creo.