¿Por qué soy doula? - Una parte de mi razón

Esto me lo tuve bien guardado por mucho tiempo. Tan tan guardado que cuando al fin dije “sí” hasta yo me sorprendí.

El viaje para empezar a servir como doula empezó en la primera fase de mi terapia con un psicólogo, allá por el 2019-2020.

Este psicólogo me pregunta:


 “¿Querés ser mamá?” y yo de forma visceral le contesto “No, yo no quiero traumar a ningún hijo de la forma en la que me traumaron a mí, ¿Qué tal si les pego o les grito? ¿No ves que sería una locura que yo me convirtiera en mamá?”  

Claramente, el psicólogo no me siguió cuestionando ese día, pero pasaban las sesiones y de repente explorábamos la razón de mi “NO” tan emocional.

Mucho yoga después, relaciones fallidas, dos maestrías y muchos viajes para escapar de la realidad, me topé con una pregunta: ¿Será que mi NO es realmente mío?

Desde muy temprana edad me considero una mujer libre, luchona y feminista.

Delante de mi, mucha gente no puede hacer bromas sexistas o racistas. Soy muy aries en ese aspecto y si algo no me parece correcto, no me quedo callada, la lucho, me enciendo y no descanso hasta que la justicia se vea, de aquí salen otros problemas, pero para eso les hago otro blog. Todo esto para decirles que para mí, esto es todo un cambio de identidad.

Al buscar encontrar mi verdad, me doy cuenta de que la idea que me aterra de ser mamá es el abuso del sistema.

No me malinterpreten, yo amo que exista la medicina, creo que el personal médico es espectacular y que la ciencia es una bendición y regalo divino, pero no podemos ocultar que en el tema de salud reproductiva de la mujer, ES UN ASCO TOTAL.

Mi nacimiento fue uno de los tantos casos de violencia obstétrica en los 90’s.

Cesárea “de emergencia” porque el cordón está enrollado en el cuello, anestesia vencida, una mujer joven y sus gritos ignorados. Horror tras horror que impacto la relación que tuve con mi madre por años, y a la fecha la seguimos trabajando. No hay nada peor que una madre violentada, sin red de apoyo real, para una hija con un grado alto de sensibilidad y con las ideas un poco radicales para un país como El Salvador.

No es falta de amor, el amor a las madres les sobra. Es falta de recursos. No es que no quieran, es que literal no se puede salir adelante si siempre estan alerta, en modo supervivencia.

No es mamá la que falla, ES EL SISTEMA QUE LE FALLA A MAMÁ

Nuestro caso, como el de muchas otras mujeres y sus hijas/hijos no es el único, y seguirá pasando por años, hasta que exista un reconocimiento global del colectivo de mujeres que están dispuestas a volverse la comunidad, el village de otras mujeres.

Y de ahi viene mi SI.

SI quiero ser parte de la diferencia, sI quiero una sociedad con más amor y más consciencia. SI quiero más mujeres con herramientas, SI quiero madres empoderadas con su voz. SI, quiero ser mamá, pero a mi tiempo y bajo mis condiciones. NO voy a aceptar menos y espero poder apoyar a mujeres a que sepan que ellas tampoco tienen que hacerlo.

Si hay algo con lo que quiero que se vayan de este blog, es que no hay nada más rico que un sí con sentido y consciencia. Para mí, este camino de ser instrumento para apoyar a mujeres durante su embarazo, parto y postparto, es el acto más rebelde y más feminista que he hecho en esta vida (hasta la fecha).

Y tú, ¿cuál es tu acto más rebelde y feminista hasta ahora?

Una Ale chiquitita

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The book that helped me with my fear of giving birth